El Dios de la Nada Mi padre se cayó del bote. Su equilibrio había estado fallando por un tiempo. Había ido en el bote con su perro cazador de patos a un pantano, cerca de Trempealau, Wisconsin. No había nadie cerca, excepto por el nervioso granjero que limpiaba el desagüe en el establo –sordo de un oído por culpa de años junto a las máquinas–, y que estaba casi a un kilómetro de distancia. Mi padre se cayó del bote y el agua se arremolinó a su alrededor, llenó sus vadeadores y lo arrastró hasta el fondo. Descendió en un agua rala como un mal café. El perro se lanzó al agua, creyendo quizás que era un juego. Debo corregirme –los perros no piensan como nosotros–, ellos reaccionan, y la reacción del perro fue nadar alrededor de la cabeza de mi padre. Esta no es una historia tranquilizadora sobre un perro que ladra para pedir ayuda, o que chupetea la cara de mi padre para animarlo a mantenerse a flote. El perro finalmente se cansó y nadó a...
Blog "gluten-free" de Gustavo Solórzano-Alfaro