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Mostrando las entradas etiquetadas como Literatura costarricense

Dos poemas de Mía Gallegos

Amor en clausura La lluvia arrastra las hojas de los árboles, y los cuerpos que no aceptan doblegarse mueren como héroes de nombres vagos y oscuros. Tanto he llamado a Dios desde mi claustro, busco su origen, su confianza, sus pies, el barro, pero la vida me sigue a golpe de lluvia. Soy pobre, me digo, soy pobre como en el Amor pero no conozco la súplica. Los nudillos de mi mano no golpearán ninguna puerta. Me ha herido la vida con sus garras pero insisto en seguir como la guerrera que soy, y que ama la ciudad, su ciudad. Por eso, y nada más que por eso, amo la nostalgia porque es profunda como las velas azules que tejen el encuentro entre el día y la noche. Amo esta soledad que transcurre entre libros, sueños, llamas en donde existe un pacto con la vida y una consagración con la espera de un día más noble y de una soledad más honda. Con las manos invento figuras y nombres en la pared y labro una ciudad que hab...

Entré a una librería y salí por otra

Entré a una librería y salí por otra Un breve recorrido por el mapa de los libreros independientes De izq. a der., Ramón Mena Licairac, Francisco Víctor Aguilar, Andrea Mickus, Jochen Vivallo, Viviana Porras y Leonardo Chaves,  las pequeñas librerías, barrio Escalante setiembre de 2017 Es probable que la lista de librerías que en el mundo han sido sea tan vasta como los anaqueles de la Biblioteca de Babel; por eso sería un sinsentido intentar la crónica de todas ellas. Por suerte la literatura nos permite recortar el espacio y dedicarnos plenamente a las que quedan cerca del barrio donde crecimos. En mi caso, del barrio donde cursé mis estudios universitarios. Pero debo remontarme primero al barrio en el que crecí: Alajuela. Este pequeño pueblo provincial contaba con las mismas librerías que probablemente han existido en muchos otros pueblos similares, comercios que sonrojaban a cualquier bazar, donde era posible encontrar todo aquello relacionado con las labores esco...

"París, Alajuela": un relato sobre un encuentro casual

París, Alajuela Habíamos llegado a París con la intención de conocer a Renzo pero sobre todo con el ánimo de ver la nueva película de Godard. El mismo día de la llegada me puse en contacto con Fabiola, nuestra corresponsal argentina en cuanto a amistades peligrosas se refiere. Me dijo que Renzo nos esperaría frente al Cine Rojo y me dio la dirección. Nos montamos en el tranvía, que nos dejó en una calle relativamente desierta. Empezamos a caminar hasta que poco a poco fuimos divisando algo más de gente cerca de un parque. Llegamos y de inmediato vimos el cine, que efectivamente era rojo. El parque y el cine eran sumamente parecidos al Parque de los Mangos y al cine Milán, en Alajuela, lo cual nos causó algo de gracia. Para más curiosidad, parecía que había algunas obras en proceso, pues frente a la fachada del cine se alzaban montículos de arena y piedra. Detrás de estos se divisaba un grupo de personas, entre las cuales creímos distinguir a Renzo, con su piel morena y sus colo...

Una reseña apócrifa

Hace unos cuatro años,  SoHo me había encomendado una reseña del “peor libro” que hubiese leído. Tamaña empresa. Motivado (engatusado) por el editor decidí que yo sería el valiente (imprudente) que escogería además un libro costarricense. Única mirando al mar fue la elección. Escribí la reseña y la envié. Al día siguiente se anunciaba que Fernando Contreras era el ganador de un Premio Áncora. Luego él anunció que lo rechazaba. De inmediato se convirtió en héroe nacional. El pánico se apoderó de mí. Con mis antecedentes, si esa reseña se hacía pública yo sería linchado y desterrado. Habría sido muy fácil señalarme y decir, simplemente, que la reseña era un patético intento de desacreditar al autor. Llamé al editor y le rogué que no la publicara. Por suerte me comprendió y no lo hizo. Me dije entonces que algún día la expondría al público. Ya ha pasado algo de tiempo. No creo que esta reseña afecte a nadie que sea capaz de tomarse las pocas un poco deportivamente. Aquí está: ...