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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesía costarricense

Siempre quise ser un chico Perro Azul

Siempre quise ser un chico Perro Azul Una historia personal para hablar del libro Para un siglo con cédula. 18 años de poesía Perro Azul , de G.A. Chaves. (pról. de Clara Astiasarán) I E l año pasado, cuando publiqué 25 x 25. Poemas escogidos de un muchacho que sonríe: 2018-1993 , con Ediciones Perro A zul, conté parte de las anécdotas que me unieron y desunieron a Carlos Aguilar en esos años. Ese libro fue una pequeña celebración personal y una pequeña victoria personal. No es gratuito que mis 25 años de “carrera” literaria coincidan (o no) con más o menos el mismo tiempo que le tomó a Carlos ir de Alambique a su proyecto Perro Azul y lo que es hoy. Como muchos otros, allá a mediados de los 90, cruzaba la calle desde Letras de la UCR para visitar la librería de Carlos. Hacia el año 2000, cuando Perro Azul ya daba sus primeros y firmes pasos, le ofrecí a Carlos Las fábulas del olvido . Carlitos me dijo que no lo publicaría, pues era un poemario trascendentalista,...

Tres caballos muertos

Acuarela de Juan Carlos Mestre para su proyecto Cavalo mo rto , que incluye el poema y doce dibujos En el 2009, en la antigua Rayuela, tuve la oportunidad de conocer y escuchar al artista español Juan Carlos Mestre, invitado al Festival Internacional de Poesía. Esa noche leyó junto al escritor costarricense Alfonso Chase. Mestre recitó, entre otros, un poema titulado "Cavalo morto". Creo que nunca había escuchado poesía de esa manera. Al día siguiente fui a su recital en el Farolito. Ahí volvió a leer su poema, acompañado esta vez de un acordeón. La experiencia fue única. Al día siguiente escribí una imitación del poema. La guardé durante un tiempo, un poco avergonzado. Me había convertido en un  groupie . Sin embargo, luego me armé de valor y se la envié. Así, del mismo modo en que Mestre hace un homenaje al "Cavalo morto" original, el del brasileño  Lêdo Ivo, yo me animé a escribir el mío como homenaje a Mestre. Ahora quiero compartir estos tres cab...

Cuatro poemas de Cristopher Montero Corrales

© Patricia Frencia La verdad es difícil de aceptar Mi hermano es tartamudo, sueña con ser filólogo pero no lo logra, y como pena le da estudia cualquier cosa, como antropología. ¿A qué le teme? —digo, con sus cuatro carreras— ¿Por qué su anhelo no? comprendí que no es miedo a tropezarse hablando, y que nadie se debe forzar a confesar. (p. 17) Ni mi madre me regaña Colgaba de una rama un feo enano, pálido, que molestaba al barrio. Colgaba de una rama —¿Y quién lo subió? —se preguntaba la madre. —Tal vez fui yo —declara Óscar, el flaco. —Creo que fui yo —el gordo, Armando. La madre miró al suelo: —Yo no le enseñé a hacer la cama y, con las sábanas, se ahorcó, esa mañana. (p. 21)                                                 Pesadilla en la biblioteca Emile Gouiran ...

Cuatro poemas de Gustavo Arroyo

Jeffrey Zamora, para La Nación Sin piedad Ahora que muere la tarde los grillos me recuerdan la dialéctica de los ciclos. Estoy en la parte trasera de la casa, en el mismo sitio donde solía fumar a escondidas de mi madre, cuando volvía del colegio. Escucho los grillos desde entonces; siempre han estado ahí, al igual que la invisible genética que me conforma. A esta hora el calor aún molesta y comienzan a visitarme ciertos deseos que me cansé de reprimir. La nostalgia pinta de amarillo el pedazo de cielo que logro ver desde acá, acuclillado en esta parte de la casa que nadie de afuera conoce, donde ocurrieron tantas cosas que he decidido olvidar. Entre grillos, calor y deseos, esta erección me resulta incómoda. Ya no fumo, y eso vuelve todo peor. La tarde me consume de nuevo, sin piedad. De Dialéctica de las aspas , p. 8 Prénoms Fred, sobre la cuerda exterior de la ironía, baila un tango con el hermano de su novio...