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"París, Alajuela": un relato sobre un encuentro casual

París, Alajuela Habíamos llegado a París con la intención de conocer a Renzo pero sobre todo con el ánimo de ver la nueva película de Godard. El mismo día de la llegada me puse en contacto con Fabiola, nuestra corresponsal argentina en cuanto a amistades peligrosas se refiere. Me dijo que Renzo nos esperaría frente al Cine Rojo y me dio la dirección. Nos montamos en el tranvía, que nos dejó en una calle relativamente desierta. Empezamos a caminar hasta que poco a poco fuimos divisando algo más de gente cerca de un parque. Llegamos y de inmediato vimos el cine, que efectivamente era rojo. El parque y el cine eran sumamente parecidos al Parque de los Mangos y al cine Milán, en Alajuela, lo cual nos causó algo de gracia. Para más curiosidad, parecía que había algunas obras en proceso, pues frente a la fachada del cine se alzaban montículos de arena y piedra. Detrás de estos se divisaba un grupo de personas, entre las cuales creímos distinguir a Renzo, con su piel morena y sus colo...

Subrayar o no subrayar

Hace un tiempo, mientras no había vuelto a esta casa y tenía mis cosas en una balsa, había compartido una breve nota sobre la acción de subrayar los libros. Antier se publicó “Subrayar libros, un sacrilegio necesario” , artículo de Esteban Ordóñez Chillarón, y quise retornar a aquellas breves reflexiones. Siempre me ha divertido ver a mis compañeros o a mis estudiantes subrayando un texto (especialmente si lo hacen –que es siempre– con un marcador fosforescente). Se concentran tanto en encontrar la “verdad”, que al terminar de leer todas las hojas lucen verdes, anaranjadas o amarillas. Lo han subrayado todo, con lo cual el sentido primario de subrayar (recordar, retener) se ha perdido. Otra experiencia proviene de los libros que me ha prestado un gran amigo (no diré su nombre debido a su timidez): las páginas están llenas de notas, de signos, de elogios, de improperios, de reflexiones. Y también leo estos paratextos, igual que los monjes medievales, quienes terminaban por ...

Dos poemas de Fabio Morábito

Llegué a Fabio Morábito a través de su libro El idioma materno . Había estado buscando Grieta de fatiga , pero no lo encontré (recién lo adquirí y ahora lo estoy leyendo), así que me hice de aquel otro libro y de Caja de herramientas . Amor absoluto a primera vista. Y hoy tengo en mis manos Un náufrago jamás se seca , que reúne sus cuatro poemarios hasta la fecha, y quiero aprovechar para compartir con ustedes dos poemas. Mudanza A fuerza de mudarme he aprendido a no pegar los muebles a los muros, a no clavar muy hondo, a atornillar sólo lo justo. He aprendido a respetar las huellas de los viejos inquilinos: un clavo, una moldura, una pequeña ménsula, que dejo en su lugar aunque me estorben. Algunas manchas las heredo sin limpiarlas, entro en la nueva casa tratando de entender, es más, viendo por dónde habré de irme. Dejo que la mudanza se disuelva como una fiebre, como una costra que se cae, no quiero hacer ruido. Porque los viejos inquilinos nunca...

¿Por qué odiamos la poesía? En torno a “The Hatred of Poetry”, de Ben Lerner

“A mí también me desagrada”. “I, too, dislike it”. El verso es de Marianne Moore, y con este arranca el escritor Ben Lerner (Kansas, 1979, autor de Leaving the Atocha Station ) su ensayo The Hatred of Poetry [ El odio a la poesía ] . Continúa el poema de Moore sugiriendo que debemos leer poesía con cierto desprecio, porque solo de esa forma encontraremos luego un espacio para lo genuino. He aquí el punto de partida, la tesis del ensayo (pp. 3-4). Cada cierto tiempo aparecen defensas de la poesía o visiones apocalípticas que la dan por muerta. Zagajewski consideraba que las defensas suelen resultar patéticas, pues generalmente son hechas por los mismos poetas, y evidentemente, ¿qué podríamos esperar de esto? Quizá por eso este ensayo de Lerner toma la vía contraria: odiar la poesía es consustancial a esta forma de arte. ¿A qué se debe esto? La respuesta de Lerner no es simple, pero podría sintetizarse del siguiente modo: hay en la poesía y en los poetas un ideal de trasce...

Una reseña apócrifa

Hace unos cuatro años,  SoHo me había encomendado una reseña del “peor libro” que hubiese leído. Tamaña empresa. Motivado (engatusado) por el editor decidí que yo sería el valiente (imprudente) que escogería además un libro costarricense. Única mirando al mar fue la elección. Escribí la reseña y la envié. Al día siguiente se anunciaba que Fernando Contreras era el ganador de un Premio Áncora. Luego él anunció que lo rechazaba. De inmediato se convirtió en héroe nacional. El pánico se apoderó de mí. Con mis antecedentes, si esa reseña se hacía pública yo sería linchado y desterrado. Habría sido muy fácil señalarme y decir, simplemente, que la reseña era un patético intento de desacreditar al autor. Llamé al editor y le rogué que no la publicara. Por suerte me comprendió y no lo hizo. Me dije entonces que algún día la expondría al público. Ya ha pasado algo de tiempo. No creo que esta reseña afecte a nadie que sea capaz de tomarse las pocas un poco deportivamente. Aquí está: ...

La casa vacía de Carlos Cortés

Los ejemplos de grandes narradores que empezaron su camino literario a través de la poesía abundan (lo opuesto es poco usual). Y si tales son los casos, lo más probable es que desemboquen de nuevo en ella. Aunque para ser más justos deberíamos decir que jamás la abandonaron. Esto sucede con Carlos Cortés, cuyos mayores reconocimientos se deben a su trabajo como novelista. En el 2015, luego del éxito de su novela Larga noche hacia mi madre (Alfaguara, 2013), reunió su poesía completa en un volumen publicado por Germina l : Vestigios de un naufragio. Poesía reunida: 1980-2015 (G.A. Chaves hizo en su momento una excelente reseña de dicho libro). Ya ahí se incluía una versión de La casa vacía , los textos poéticos más recientes de Cortés. Luego, el año pasado, de la mano de la editorial española La Isla de Siltolá , vio la luz Festín en época de peste. Antología (1980-2015) , una colección de gran valor, que nos permite acercarnos al universo poético cortesiano, y donde nueva...

¿Por qué leemos a nuestros amigos?