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Entradas

Sobre la producción literaria del 2012 en Costa Rica

Breve nota aclaratoria En otras ocasiones , al cerrar el año, he realizado el ejercicio de repasar la actividad editorial en nuestro país. En días recientes, dos medios de comunicación me consultaron sobre los libros que consideraba más destacados. Mi respuesta fue una breve nota aleatoria más de carácter general que se reprodujo en parte en dos versiones distintas, lo cual está bien, pues los artículos periodísticos suelen estar circunscritos a un contexto y con las limitaciones de espacio que ya conocemos. De igual modo, las impresiones de un lector siempre serán limitadas a lo que ha leído, ya que sería imposible leerlo todo y mencionarlo todo. En ese sentido, no se puede pretender que un balance incluya todos y cada uno de los nombres de autores que han publicado con el detalle de todas y cada una de sus obras.  Lo importante es el debate que se puede generar, el diálogo con otros lectores interesados en el movimiento literario del país. De esa discusión, de esa cont...

Crítica de poesía VIII: "Arbusto", de Eugenio Redondo

Eugenio Redondo, Arbusto , San José: Editorial Arboleda, 2012, 60 pp. “La caligrafía del reposo”* La poesía del siglo XX , al menos en parte, se caracteriza por dos aspectos: por un lado, la desconfianza en el lenguaje, y por otro, la fragmentación del sujeto. Estos dos aspectos han estado presentes también en algunas manifestaciones de la poesía costarricense, especialmente el primero de ellos, que de modo simple podría resumirse como “nada puede ser dicho” o “no vale la pena decir nada”. El segundo aspecto ha sido menos evidente, pues en nuestro país el hablante lírico ha asumido la mayoría de las veces una identidad refugiada en el solipsismo. Ambos elementos aparecen, reelaborados, en el reciente conjunto de poemas de Eugenio Redondo, Arbusto , en el cual el solipsismo parece romperse, como bien apuntaba la escritora Angélica Murillo el día de la presentación del libro. El “yo” de Redondo no necesariamente se observa “a sí mismo y a su circunstancia” (“Soy y n...

Desde un poema que leí hace más de veinte años. A propósito de Jorge Debravo

Hace unos tres meses, la revista Lectores , de Turrialba, editada por Luis Romero, solicitó a tres autores escribir acerca de Jorge Debravo. Así, Marco Aguilar, G.A. Chaves y mi persona participamos en esta suerte de homenaje. El siguiente texto fue mi aporte. Jorge Debravo: a 45 años Ya he contado esta anécdota, pero repetirla muestra la importancia que tuvo en mi vida. Cuando cursaba sétimo año, un amigo me enseñó una canción que estaba componiendo; tenía algunos versos y una melodía. Era una crítica contra las injusticias. A mí me enganchó de inmediato, así que completé la letra y terminé la canción, que empezaba así: “Perdona si te doy estos consejos, / tú sabes que lo hago en calidad de hermano”. Poco después empecé a leer a Jorge Debravo, y cuando llegué a “Consejos para Cristo al comenzar el año” descubrí el plagio. Siempre me ha divertido recordarlo, y me ha hecho darme cuenta de que descubrir la poesía de Debravo fue un momento trascendental. Como a m...

Tres episodios de la infancia

Fotografía de Esteban Chinchilla Infancia Allí transcurre la larga angustia de la escuela y el tiempo de espera con objetos indistintos. Oh soledad, oh pesadumbre de pasar el tiempo... Y al salir: bullen y suenan las calles, y en las plazas se elevan surtidores, y en los parques cobra amplitud el mundo. E ir por todo eso en traje infantil, muy distinto de los que van o fueron: Oh edad singular, oh pasatiempo, oh soledad. Y contemplar de lejos todo eso: hombres y mujeres; hombres y mujeres y niños, que son otros y vistosos; y allá una casa, y a ratos un perro, y un susto mudo, qué sueño, qué espanto, oh qué hondura sin fondo. Y así jugar: pelota y arco y aro en un jardín, que suave palidece, y a veces, por tocar a los mayores, ciego y loco jugando al escondite, pero quieto al anochecer, y volver a casa pasito a paso, tieso y cogido de la mano: Oh qué comprender siempre más y más huidizo, oh qué angustia, qué peso. Y...

Árboles

Imagen: Fotografía de Carina Felice Árboles Desde esta ventana que vos no sabés que existe puedo ver los árboles en el jardín. Ellos sí que saben cómo enfrentar el día, la lluvia, con sus ramas hechas polvo de tanto batirse contra el viento. Los árboles de ese jardín no me pertenecen, como tampoco me pertenecen la tierra que los recibe o las aves que los habitan. Nada me pertenece de esos árboles y sin embargo se sienten cercanos, como si una mano se extendiera desde ellos hasta el sillón de caoba donde escribo estos remedos de pinturas modernas. La ventana con su cortina de tergal es un muro infranqueable entre mis brazos y el jardín. Uno se siente abatido cuando el sol atraviesa las hojas y cae como plomo en el zacate, donde los gusanos de seda tejen su camino desde una mitología que nosotros tampoco ─no habría forma de que así fuera─ sabemos que existe.

Las altas bibliotecas. Variaciones sobre un tema de "Citizen Kane"

Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de “la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira”. Jorge Luis Borges “La biblioteca de Babel” La biblioteca es testimonio de la verdad y del error (El monje Jorge a Guillermo de Baskerville) Umberto Eco , El nombre de la rosa I Como un personaje salido de una película de Peter Greenaway, o como buen neurótico (o como buen capricornio), siempre he sido ordenado, meticuloso, disciplinado para ciertas cosas, maniaco; amigo de las listas que como fetiches duran unos segundos en nacer y desaparecer. A veces creo que mi vocación escritural tiene más que ver con esta fijación que con la literatura misma. Por eso, entusiasmado acepté hablar sobre mi biblioteca personal...

Trucos para que una biblioteca arda esplendorosamente

En el marco del  Festival Leer es una Fiesta , organizado por la Alianza Francesa, tres escritores estarán conversando acerca de sus bibliotecas personales. Véalos cómo, sin pudor alguno, sacan de sus baúles placeres culposos, libros vergonzantes y quizá alguno que otro clásico o un autor contemporáneo para guardar las apariencias. Si se descuidan, llévese algún libro; si usted se descuida, no respondemos. Juan Murillo G. A. Chaves Gustavo Solórzano-Alfaro Día: jueves 18 de octubre Hora: 7: 00 p. m. Lugar: Alianza Francesa, barrio Amón, San José Mi biblioteca consta de escasos ochocientos volúmenes. Casi la mitad es un botín de guerra de la casa paterna que todavía no tengo seguro (mientras mi hermano aún lo pretenda). A cambio dejé unos cien libros infantiles. La otra mitad y quizá algo más la he comprado en diferentes lugares, principalmente entre los dieciocho y los veintidós años. Por qué esa edad no debería ser ningún secreto. O quizá es tan solo la ép...