© Patricia Frencia La verdad es difícil de aceptar Mi hermano es tartamudo, sueña con ser filólogo pero no lo logra, y como pena le da estudia cualquier cosa, como antropología. ¿A qué le teme? —digo, con sus cuatro carreras— ¿Por qué su anhelo no? comprendí que no es miedo a tropezarse hablando, y que nadie se debe forzar a confesar. (p. 17) Ni mi madre me regaña Colgaba de una rama un feo enano, pálido, que molestaba al barrio. Colgaba de una rama —¿Y quién lo subió? —se preguntaba la madre. —Tal vez fui yo —declara Óscar, el flaco. —Creo que fui yo —el gordo, Armando. La madre miró al suelo: —Yo no le enseñé a hacer la cama y, con las sábanas, se ahorcó, esa mañana. (p. 21) Pesadilla en la biblioteca Emile Gouiran ...
Blog "gluten-free" de Gustavo Solórzano-Alfaro