Andrómeda A Tita Fue en el puerto de Jaffa donde tu padre entregó tu cuerpo a los dioses, donde el monstruo irguió sus fauces para concretar el rito. Golpeaban las olas violentas sobre las rocas y las gentes miraban temerosas desde el faro. Fue en aquel puerto de Jaffa cuando aceptando el destino de morir gritaste mi nombre. Fue en Jaffa, en un viejo puerto en el mar Mediterráneo. Yo, que jamás había montado un caballo, que jamás nadé en aquel océano oscuro, sentí el miedo que no sienten los héroes y fui uno más con las gentes sin nombre en la torre de aquel puerto. Escondiendo la cobardía en el corazón salté entre los ojos de la bestia y tus labios, Andrómeda. Como en sueños miré el rostro del mar en un amanecer, allá, sobre el viejo puerto de Jaffa. En Abrir las puertas del mar , pp. 101-102. Retrato de un pianista náufrago buscando la madrugada Partir desde los lechos de los árboles, desde las copas de las fiestas del otoño. Eran los años del vino y las palabras (palabras y uvas fe...
Blog "gluten-free" de Gustavo Solórzano-Alfaro