Porque no hay poesía festiva, alguien había dicho, pues quizás solo del tiempo y de lo irreparable puede hablar. Y también alguna vez se dijo (pero ¿quién, cuándo?) que todo un día será pasado y olvidado y borrado: hasta los formidables muros y el gran foso que rodea la inexpugnable fortaleza. Ernesto Sábato Abaddón, el Exterminador -I- Al ángel le queda su figura de niño. A nosotros nos queda el resto. Nos quedan las flores y los campos. Nos queda la esquina de una calle ciega. Nos queda la espalda llena de espigas. Nos queda la tristeza de los días, el pequeño deseo, su jardín agotado, y una esfinge hecha de años, sucia por tantas preguntas. Nos queda alumbrar la tierra. Ese pasto mojado con saliva ajena, esa estirpe rota de abejas dormidas. El mártir sonríe con su baile de cartílagos rotos: ¡Oh Padre, haz que la lluvia empape estos labios tan pequeños! Nos queda la tarde para contemplar la muerte, una simple duna de águilas viejas: una eterna broma, el deleite del lobo, un delicado ...
Blog "gluten-free" de Gustavo Solórzano-Alfaro