Huida Cuando huíamos de la ciudad en llamas, En el primer camino volví los ojos atrás Y dije: «Que la hierba cubra nuestras huellas, Que en el fuego callen vociferantes profetas, Que los muertos digan a los muertos qué pasó, Estamos destinados a crear un pueblo nuevo y fuerte, Libre del mal y de la dicha que allí dormitaba. Adelante». Y una espada de fuego nos abrió la tierra. Encuentro Íbamos por campos helados antes del amanecer, El ala roja se levantaba, aún era de noche. Y de repente pasó corriendo una liebre, Y uno de nosotros la señaló con la mano. Eso fue hace tiempo. Hoy ya no viven Ni la liebre ni quien la señaló. Amor mío, dónde están, adónde van El destello de la mano, la línea del movimiento, El crujido de la tierra helada. No hay tristeza en mi pregunta, sino reflexión. De Salvación (1945), pp. 68-69 Czesław Miłosz, Tierra inalcanzable. Antología poética (trad., sel. y pról.., Xavier Far...
Blog "gluten-free" de Gustavo Solórzano-Alfaro